Según la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU., en un país de casi 350 millones de habitantes (de los cuales aproximadamente 325 mill. son ciudadanos), se ha marcado este 2026 un récord histórico de 105,8 millones de estadounidenses que se encuentran oficialmente fuera de la fuerza laboral.
Son la inmensa masa de "no trabajadores" de EE.UU., casi un tercio de la población.
Esta categoría incluye a todas las personas mayores de 16 años que no trabajan ni buscan trabajo activamente, incluyendo personas en paro, jubilados, estudiantes a tiempo completo, cuidadores, personas con discapacidad y quienes simplemente no desean trabajar.
Si bien es cierto que el récord histórico se debe en parte al crecimiento y envejecimiento de la población estadounidense, ya que los jubilados representan una gran proporción de quienes no trabajan, al mismo tiempo, las estadísticas oficiales están demostrando como mes a mes un mayor número de estadounidenses en edad laboral se están alejando del empleo o de la búsqueda de trabajo.
Este tercio de la población de "no trabajadores" es mantenida por una economía que solo puede sobrevivir tomando la fuerza laboral o los recursos naturales de otros Estados. Que hoy un país con un tercio de la población que no produce no se transforme en un país sumido en hambrunas, como algunos estados de África, Asia o Latinoamérica, solo se explica por el saqueo que el aparato político-empresarial-militar estadounidense hace del trabajo y los recursos naturales extranjeros, y por la imposición de un mercado financiero mundial dominado por el dólar. Y por supuesto -además-, por la explotación de los 25 millones de inmigrantes "no ciudadanos" que si trabajan, bajo un régimen que los persigue y no les otorga ningún derecho.
En este sentido, los 105,8 millones de habitantes que no trabajan pero que son mantenidos por el sistema capitalista norteamericano -la inmensa mayoría ciudadanos votantes-, sobreviven bajo un régimen que les recuerda permanentemente que su supervivencia depende de "la grandeza" de su ejército y del saqueo internacional.
Ese tercio de la población actúa como un disciplinado ejército de reserva -"no trabajador"- que consume la basura de le venden los medios masivos y goza con la propaganda militarista, que les asegura el mantenimiento del sistema que les permite sobrevivir. Ésta es la base del contrato social que el ciudadano norteamericano tiene con su Estado, y lo saben muy bien. Y quien mejor representanta ese modelo de supervivencia es el autócrata que irradia el poder que dan las armas poderosas, el Trump de estos tiempos.
Este modelo es replicado por el resto de los países del concierto capitalista global (dentro de sus posibilidades). Cada elección democrática los políticos prometen a su población aumentar su consumo, pero solo si el ciudadano se compromete a su vez a defender el modelo de producción capitalista: la explotación de la fuerza laboral -inerna y externa-, y el saqueo de la riqueza natural del pais y la de otros Estados. Su lema de campaña es que se jodan los demás, queremos más policías y ejércitos para "defendernos".
Para eso los Estados necesitan al aparato militar, principalmente para participar del concierto explotador mundial, comprando las armas que les permiten estar más cerca del dios capitalista que mueve los hilos. Según la lógica occidental, mientras más mercenario de EE.UU. sea nuestro propio ejército, más contribuye a la supervivencia del Estado "nacional".
Así, culturalmente, los ciudadanos "no trabajadores" y los militares (también "no trabajadores" a su modo) se transforman en los sostenedores del sistema democrático-capitalista global. Son quienes terminan manoteando la balanza que les asegura su supervivencia -que aunque básica e ignorante-, los hace partícipes de la "grandeza" de sus Estados. No importa si esa "grandeza" es solo la ilusión de dominación, lo importante es sentirse más cerca de la seguridad que da participar del sistema de explotación; tampoco importa si en ese orden de cosas ha tocado ser el explotado, lo importante es apoyar.
Democracia, capitalismo y militarismo forman la triada perfecta para el mantenimiento del sistema donde los estadounidenses han sido solo el ejemplo paradigmático; porque se trata de un sistema que ha sido replicado con entusiasmo por todos los partidos políticos de los Estados alrededor del mundo (sea que lo reconozcn o no). Así, por ejemplo, el partido que gobierna China, que aparece en los medios como el principal contrincante del capitalismo, es sin embargo su más fervoroso seguidor. Los "padres fundadores" chinos no debemos rastrearlos hasta 1921 en la fundación del partido en Shangai, sino que hasta 1776 en Filadelfia. Y podríamos decir lo mismo de cada Estado, de cada democracia moderna. El "espíritu" del capitalismo los une. Da lo mismo si se trata de una democracia "más o menos democrática", más o menos liberal en el sentido clásico, cada Estado se arroga siempre el título de ser el más que más. La democracia hoy está mejor ranqueada que el espíritu santo, y mientras más se le invoque en el discurso, mejor.
Hoy cada pueblo en el mundo quiere ser ese EE.UU. con su tercio de "no trabajadores" y militares rabiosos. Son pueblos cuya aspiración máxima es el consumo y llenarse la cabeza con los medios de distracción de masas. Es el modelo que imponen los jerarcas judíos en Israel pero también es el que quisieran los propios en la palestina árabe. No importa si después buscan evacuar sus conciencias en una sinagoga, una mezquita o un templo cristiano, lo que une a todos los explotadores es el dios capital.
En un escenario de alienación social global masiva ¿Queda espacio para una revolución social que nos permita evolucionar hacia un mundo en paz, sin ejércitos, dónde ya no haya explotación ni clases sociales? Creo que sí. Sin duda el antimilitarismo juega un rol fundamental y debe ser la prioridad de los que anhelamos ese cambio social.
Pedro Peumo. 2026