¿Anarquismo nacionalista? Alexander Schapiro


Un artículo de 1937 de Alexander Schapiro, criticando la retórica nacionalista utilizada en un editorial de Solidaridad Obrera.

Introducción del traductor:

La guerra civil española fue testigo de un marcado aumento de los sentimientos nacionalistas expresados entre destacados activistas anarquistas y en la prensa del movimiento, lo que coincidió con la reinterpretación de la guerra civil como una lucha de liberación nacional contra las tropas marroquíes, alemanas e italianas que combatían a la República. Antes de la entrada de la CNT en el gobierno republicano en noviembre de 1936, la redacción del diario de la rama catalana de la CNT, Solidaridad Obrera («Soli»), fue destituida. Entre quienes reemplazaron a los periodistas expulsados se encontraba Salvador Cánovas Cervantes, defensor de una concepción «racial» del anarquismo español, quien ya había sido expulsado de la CNT tras presentarse a las elecciones durante la Segunda República.

A continuación, presentamos un artículo de 1937 de Alexander Schapiro, un veterano anarcosindicalista ruso exiliado en Francia. Schapiro había criticado cada vez más las políticas de la CNT durante la guerra civil, para disgusto de los miembros más destacados de la organización . El que fuera secretario nacional de la CNT, Horacio Martínez Prieto, lo describió en sus memorias como, en aquel momento, «el mayor enemigo de la CNT». Este artículo es una respuesta a un editorial de Solidaridad Obrera publicado el 26 de mayo, que, en un ataque apenas velado a la intervención soviética en España, recurría a una retórica nacionalista espantosa. La réplica de Schapiro se publicó originalmente en francés en Le Combat Syndicaliste, publicación de la CGT-SR, y se tradujo al español para incluirla en un dossier de artículos ofensivos de anarquistas no españoles, recopilado por el Comité Nacional de la CNT a finales de año.

¿Anarquismo nacional?

Conocemos bien el nacionalsocialismo. Lamentablemente, lo conocemos desde hace mucho tiempo. En Francia ha surgido recientemente un movimiento protofascista que se autodenomina nacional-comunista. Estas contradicciones terminológicas, conceptos mutuamente excluyentes unidos por un guion, se han hecho más evidentes que nunca en los últimos años, provocándonos la misma náusea que todo aquello que se jacta de su carácter «nacional». Ahora, al otro lado de los Pirineos, emerge en el horizonte una nueva ideología a la que no se nos ocurre mejor nombre que nacional-anarquismo.

Nos referimos, una vez más, a Solidaridad Obrera, que sigue siendo la publicación de la CNT en Cataluña y el órgano de prensa de la organización nacional. Un editorial publicado el 26 de mayo bajo el ya nada sorprendente titular «Nuestra revolución debe ser española» ejemplifica esta nueva tendencia, que no podríamos calificar de anarquista sin caer en el ridículo, pero que, sin embargo, intenta establecer un vínculo entre el anarquismo que profesa la CNT y el chovinismo nacionalista que emana de cada poro del autor editorial de Solidaridad Obrera. Los argumentos a favor de este giro intelectual merecen ser recogidos, y para ello ofrecemos los siguientes fragmentos:

"La CNT y la FAI constituyen un movimiento revolucionario sólido y poderoso, esencialmente español e ibérico. Esencialmente español e ibérico sin ser en absoluto nacionalista… La impotencia de los generales traidores ha propiciado la intervención directa de Italia y Alemania, y esta extranjerización de España, impulsada por los rebeldes, amenaza con extenderse por todo el territorio español.

La CNT y la FAI conforman un movimiento revolucionario de masas que avanza con absoluta homogeneidad y que cuenta en sus filas con una buena proporción de los cientos de miles de hombres que luchan contra el invasor en todos los frentes del campo de batalla y de aquellos que trabajan para el esfuerzo bélico en la retaguardia. Ante este peligro, anuncia su posición, que se resume en la frase: ¡España para los españoles!
Si en nuestro país existen partidos de origen exótico (!) cuyo deber primordial no es con el proletariado español, y si existen fracciones republicanas que, por falta de carácter y espíritu ibéricos (!), se prestan a tales políticas, deben enfrentarse a nuestra posición. Una posición esencialmente española, esencialmente ibérica y esencialmente peninsular (!)…

Si se desea que en el futuro España constituya una unidad política y geográfica y una nación que contribuya a la paz (!) y al progreso de Europa, la única solución viable es permitir que este movimiento ponga en práctica sus fervientes aspiraciones y trabaje de tal manera que la revolución por la que todos decimos luchar tenga un carácter eminentemente nacional. Cualquier otra cosa equivaldría a cubrir con un falso velo a una joven nación que ha resurgido de las ruinas de un pasado execrable para aportar el genio particular de su raza (!) y su civilización al progreso constante de la humanidad.

Toda revolución lleva el nombre del pueblo que la lleva a cabo. La nuestra se llamará española y así será conocida en todo el mundo…"

No hay que olvidar que esta es la opinión de un movimiento revolucionario nacional rebosante de vida y actividad.

En primer lugar, cabe decir que la lectura de este panegírico sobre el nacionalismo revolucionario trajo a la memoria los tristes recuerdos del farol hitleriano del nacionalismo con base socialista: el aspecto socialista para atraer al pueblo, el nacionalista para presentarse como los salvadores del país frente al internacionalismo. Esto, a su vez, recuerda al nacionalismo estalinista que antepone la patria a todo, en contraste con la primera fase de la revolución rusa, que era fundamentalmente internacionalista. No obstante, intentaremos indagar más allá del velo nacionalista de «Soli» para descubrir qué oculta.

Para empezar, esto es un ataque apenas disimulado contra los anarquistas y sindicalistas que llegaron de casi todos los países para apoyar la incipiente revolución española, que creían que sería el primer acto de una revolución que pronto se extendería más allá de las fronteras de España, afectando a Portugal y propagando su virus contagioso a Francia, Alemania, Italia y, quién sabe, ¡también a Rusia! Hoy, después de que muchos de ellos hayan muerto en los campos de batalla «españoles» o hayan sido asesinados en la retaguardia en las calles «españolas», el director de «Soli», desde la cima de su cómodo olimpo, se permite saludarlos con los siguientes términos condescendientes: «Que quienes lo consideren un deber nos presten el apoyo más o menos (!) desinteresado y generoso que deseen…»

Quienes fueron a España lo hicieron para ayudarlos, para que la revolución iniciada el 19 de julio se extendiera más allá de sus fronteras e inundara el mundo entero, país por país. Para ellos no era una cuestión de raza ni de civilización, pues con esa lógica nos veríamos obligados a concluir que la raza española es específicamente revolucionaria y que Franco y Mola (que Dios lo tenga en su gloria) son revolucionarios disfrazados, al igual que todos los falangistas, carlistas y monárquicos, que no son menos españoles desde el punto de vista racial. ¿Acaso debemos considerar entonces que la raza italiana es fascista y que los eslavos son una raza de asesinos bolcheviques?

El racismo es el aspecto más degradante del fascismo; ¿acaso se ha convertido en la base de la nueva política interna de la CNT? Cabe preguntarse: si lo que está en juego en la lucha actual es la raza española, ¿no sería mejor aliarse con los Negrín y los Prieto que luchar contra ellos, aun cuando sean españoles, para que la revolución triunfante pueda reprimir, en primer lugar, a esos tipos racialmente españoles (o catalanes) como Franco, Largo Caballero, Companys, etc., y luego reprimir a sus aliados, sean de la raza que sean? ¿Por qué no decir clara y sencillamente que lo que se intenta es librarse de los comunistas y de las intrigas moscovitas que se desarrollan en Barcelona y Valencia? Camaradas de la CNT, ¿dirigen sus ataques contra la raza eslava o contra el comunismo autoritario, que es tan desastroso hoy bajo Stalin como lo sería mañana bajo Largo Caballero o cualquier líder del Partido Comunista Español? Porque hablar de una orientación exótica, como si la socialdemocracia (ya fuera bolchevique o menchevique) fuera una especialidad de Rusia, sería negar la existencia de Pablo Iglesias. ¿Y qué decir del anarquismo? También es completamente «exótico», teniendo en cuenta que Bakunin, entre muchos otros, no era español…

Recordemos que nuestros compañeros en España ya habían comentado en Madrid en 1931 cómo el anarcosindicalismo se había introducido en España —¡qué horror!— «en un barril de cerveza», en un comentario dirigido a nuestros compañeros anarcosindicalistas de la FAUD en Alemania. Sin embargo, tales orígenes exóticos no han supuesto un obstáculo para que la CNT en España se enorgullezca de su etiqueta anarcosindicalista.

Ensalzar el racismo y menospreciar el «exotismo» son dos fenómenos simultáneos y complementarios que indican, como mínimo, una mentalidad antirrevolucionaria. Sin embargo, donde «Soli» realmente falla es en su declaración de que España debería contribuir «a la paz y al progreso de Europa». Conocemos bien esta frase, pues la repiten con frecuencia los políticos franceses, sean comunistas, socialistas, republicanos o de la Cruz de Fuego, que afirman que Francia (que, por supuesto, debe ser para los franceses) debería trabajar por la paz y el progreso de Europa.

Pero, camaradas anarquistas y anarcosindicalistas de «Soli» y de la CNT, ¿a qué tipo de paz y a qué Europa se refieren? ¡Seguro que no a la actual, del mismo modo que no piensan en la República Democrática Española! ¿Se refieren, entonces, a la «paz social» que no conocerá ni explotadores ni explotados en una Europa libre de capitalismo? Si es así, ¡deben pensar también que la revolución debe cumplir primero su cometido libertario! Y así, la revolución española (llamada así porque la ha iniciado el pueblo español), trascendiendo cualquier cuestión de raza, religión o clase, será la señal universal de una revolución contra la opresión racista, religiosa, económica y política. La revolución española se convertirá en una revolución internacional, al igual que la revolución francesa de 1789 y la revolución rusa de 1917.

Sin embargo, la actitud adoptada por nuestros camaradas españoles, tal como se refleja en el editorial de 'Soli' que aquí se analiza, sugiere una liquidación de la revolución social en favor de una revolución nacional que no podría ser otra cosa que un gesto político formal y que es revolucionaria solo de nombre.

Manténganse alerta ante el chovinismo, latente en cada hombre y en cada movimiento que no ha podido librarse de siglos de envenenamiento metódico y sistemático. Estén atentos a las peligrosas encrucijadas y los precipicios que les aguardan, porque el camino que han elegido, a pesar de las lecciones del pasado y de la doctrina en cuyo nombre siguen hablando, está plagado de giros y recovecos que conducen a un abismo sin retorno.

Es mejor arriesgarse a un frenado de emergencia y a un regreso no menos dramático a la gran carretera que la CNT nunca debió haber abandonado.

El portavoz de la CNT no está a la altura de las circunstancias; su voz es un falsete estridente que debería venir con tapones para los oídos. Es hora de cambiar de rumbo, y rápido.

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